El frente del mostrador es un estampado dálmata — curvo, retroiluminado en la base, y la única broma de una sala por lo demás disciplinada. Funciona porque todo lo que lo rodea está contenido: escalera de travertino, roble claro, una sola pared de acento en azul marino profundo.
Los grandes retratos animales en blanco y negro hacen el trabajo emocional, colgados lo bastante grandes para leerse desde el otro extremo. Los colgantes de latón y los asientos en terracota mantienen la temperatura, que es lo que evita que una paleta clínica se sienta como un pasillo.